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PREGUNTAS NO TAN FRECUENTES

Escritura a quemarropa. Nada de solemnidad, nada de posados Instagram. Aquí el narrador llega despeinado, pide una cerveza tibia, mira alrededor y toma nota. La voz es descarada, honesta hasta la crueldad y con cero paciencia para el turismo de postal. Se habla en primera persona, se exagera con gusto y se aceptan contradicciones: si ayer juramos no volver, hoy ya estamos en la puerta.

Comentarios abiertos, respuestas sin plantilla. Si alguien corrige, se agradece; si alguien se indigna, se brinda; si alguien aporta una anécdota mejor, se le cede la mesa.

Nada de doxxeo, nada de datos sensibles, nada de romantizar daño real. Se puede sudar, se puede tropezar, pero no se pisa a nadie. El cinismo es recurso, no bandera.

RESPUESTAS FRECUENTES

Viajes sin filtros, bares de todo rango, burocracias ridículas, encuentros improbables, comidas memorables y otras que deberían ser ilegales. Nada de “top 10 imprescindibles”; aquí se reconstruye la atmósfera: luces, sonidos, olores, personajes y resacas.

Callejero pero legible. Modismos latinos, inglés funcional cuando hace falta y palabrotas de servicio: solo cuando sirven a la emoción o el ritmo. Nada de eufemismos; si fue un desastre, fue un desastre glorioso.

Políticamente incorrecto, sí; gratuitamente ofensivo, no. Se disparan dardos hacia arriba (poses, estafas, discursos vacíos). Las personas reales se tratan como personas: con humanidad, humor y límites.

Oscuro elegante: tipografías claras, fotos con grano, mapas garabateados, recibos arrugados y carteles torcidos. Nada de sliders brillosos. El diseño acompaña la voz: limpio, rápido, con olor a pavimento mojado.

Cuando hay historia, hay post. Mejor pocas crónicas que digan algo, que un calendario que solo rellena. Si aparece una joya a las 3 a.m., se publica con los dedos manchados.